Agulo y Hermigua: El sabor de lo auténtico

Quien me conoce sabe que para mí, como Valle Gran Rey no hay nada. Pero claro, si vienes a la isla, hay que salir un poco del refugio para entender la fuerza de nuestra tierra. Cuando decido poner en marcha mi taxi en La Gomera para poner rumbo al norte, lo hago para enseñar esos tesoros que guardan nuestra tradición más pura. Prepárate, porque vamos a recorrer Hermigua y Agulo.

Hermigua: Del telar al susurro del agua

Entrar en Hermigua es sumergirse en un mar de verde. Nuestra primera parada es el Museo Etnográfico de Los Telares, en la parte baja del valle. Entrar allí es hacer un viaje al pasado; ver cómo se fabrican las traperas en esos telares antiguos es entender el arte del aprovechamiento, una tradición de nuestras abuelas que hoy es puro lujo cultural.

Desde allí, empezamos a subir el valle, dejando atrás los bancales de plataneras, para buscárle las cosquillas al monte. Llegamos a la Presa de Los Tiles, un rincón donde el agua se remansa bajo la sombra de la laurisilva. Es un lugar que te envuelve con su frescor y te recuerda la «raíz» de todo: sin este agua, el valle no sería el jardín que ves abajo.

Para cerrar el paso por Hermigua, bajamos hacia la costa para ver el Pescante. Esas columnas de hormigón que desafían al Atlántico son el monumento a nuestra historia industrial, de cuando sacábamos la cosecha al mundo luchando contra la fuerza del océano.

Agulo: El bombón de los contrastes

A pocos minutos llegamos a Agulo, impecable con sus calles de piedra y sus casas de teja. Le llamamos «el bombón» por lo cuidado que está. Es un placer caminar por sus callejones mimados, donde incluso las marquesinas se visten de buganvillas para regalar una sombra llena de color a quien se detiene a disfrutar de la calma del pueblo.

Antes de despedirnos del norte, subimos a la zona alta para mostrar los contrastes de nuestra geografía. Primero en El Cepo, donde la tierra se vuelve de un rojo arcilloso tan intenso que parece que has cambiado de planeta. Y a un paso de ese paisaje «marciano», nos metemos en la humedad de la Presa de Meriga, un espejo de agua rodeado de helechos que parece sacado de un cuento de hadas.

Para culminar, el balcón de cristal del Mirador de Abrante. Caminar sobre el vacío con el pueblo a tus pies impresiona, pero lo que te deja sin habla es la vista del Teide. Si el día está claro, la silueta de Tenerife se ve tan nítida que parece que podrías tocarla con la mano.

¿Por qué hacer esta ruta conmigo?

El Norte es precioso, pero sus carreteras tienen su miga. Para subir a Los Tiles, llegar a El Cepo o alcanzar Abrante, hay que conocer bien las vías estrechas y las curvas que yo recorro desde niña.

Hacer esta excursión en mi taxi en La Gomera tiene una ventaja clara: tú solo te preocupas de disfrutar. Mientras yo manejo, tú puedes ir sacando fotos al Teide o admirando el trabajo en los bancales. Sin estrés por el GPS y con la libertad de saber que, después de un día lleno de historia y paisajes, yo te traigo de vuelta a casa, a nuestro Valle Gran Rey.

Llegaremos justo a tiempo para vivir ese momento mágico donde el sol desaparece en el horizonte, el mejor final posible para un día de ruta.

¿Te apetece descubrir el sabor de lo auténtico con la seguridad de una taxista local?

Noemí Chinea

Taxista profesional en Valle Gran Rey